Rodolfo y Marisol me contactaron a través de mi página web porque tenían un problema con la conducta de su perra. Linda es un cruce de pastor alemán con pastor belga Malinois. Mezcla explosiva, todo fuerza y energía.
La recogieron de un refugio cuando tenía 11 meses por lo que no teníamos información sobre sus experiencias previas ni cómo había sido tratada. No conocer los antecedentes de un perro siempre dificulta la evaluación del caso. Me llamaron cuando llevaban con ella 3 meses y veían que no podían hacerse con ella.
Su principal problema es que mordía todo.
Lo primero que hice, como en todos los casos, fue ir a visitar a los dueños y al perro en su casa para la entrevista.
Nada más abrirme la puerta, Linda sale a recibirme con entusiasmo, saltando sobre mí. Me saluda mordisqueándome con la boca. No me hace daño, pero tiene unos dientes considerables.
Mi primera impresión es que Linda es sociable. No percibo ninguna agresividad.
En la entrevista con Rodolfo y Marisol me cuentan que el principal problema es que muerde todo, y lo peor, también muerde a las nietas pequeñas. No lo hace con mala intención, pero con la fuerza que tiene les hace heridas. También muerde los tobillos cuando están sentados en el sofá.
El diagnóstico es que Linda sólo sabe comunicarse con la boca, tanto para lo bueno como para lo malo. Es la conducta principal a modificar. Es muy importante diferenciar por qué y cómo muerde un perro. No siempre implica agresividad.
Empiezo a manipular, pellizcar y voltear a la perra para comprobar su docilidad y carácter. El resultado es positivo.
Seguimos con la entrevista y otro tema que les preocupa son los paseos. Linda tira muy fuerte, va de un lado para otro y cuando pasan cerca de una moto se lanza como una loca hacia ellos, con el correspondiente peligro de tirar al motorista o ser atropellada. Y por último, no se atreven a soltarla por si se escapa. Rodolfo camina con ella 4 horas al día pero Linda necesita correr, necesita hacer ejercicio para estar más relajada, liberar energía y bajar de peso.
Al día siguiente comenzamos a trabajar en modificación de conducta y obediencia de Linda. Sus dueños también tienen que trabajar, participar, cambiar determinadas costumbres y aceptar algunas normas.
Después de 14 sesiones y un trabajo en equipo, Linda ya no muerde, no salta sobre las motos en marcha; ya las ignora, pasea sin tirar y acude a la llamada cuando está suelta. El resultado ha sido muy satisfactorio para todos. Los dueños están tranquilos en los paseos, al pasar cerca de una moto en marcha y se sienten seguros cuando les visitan sus nietas. Lo más importante es la seguridad, no podemos permitirnos estar atemorizados por nuestro propio perro ni temer que vaya a mordernos a nosotros, a otras personas o a otros perros.
Linda es más feliz porque ahora puede correr libremente y jugar con otros perros.
Y yo satisfecha por un buen trabajo en equipo. Es muy gratificante ver la evolución del perro desde que llega a tus manos hasta que se termina el adiestramiento y la modificación de la conducta.

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