La dueña de Ministro me llamó para pedirme ayuda con su cachorro. Me contó que Ministro, su teckel de tan solo 6 meses, se ponía muy agresivo y atacaba cuando estaba comiendo y pasabas cerca, o cuando cogía algo y se lo querías quitar de la boca.
El problema
Antes de conocerle pensé que se trataba del típico caso de protección de recursos, la comida en concreto. Cuando fui a su casa observé algunos comportamientos posesivos, pero no parecían muy extremos. Le fui provocando para que sacara la verdadera agresividad, y entonces vi cómo lo violento que se ponía con lo joven que era.
Los dueños de Ministro le habían cogido miedo y querían una solución rápida. Consultaron a un veterinario/etólogo, que sin conocer al perro en su entorno y en el lugar en donde se desarrollaba la conducta, le recetaron Duloxetina (Prozac) como solución. También les dijeron que necesitaba socializar con otros perros, algo sin sentido para este caso porque no tenía problemas con otros perros, era juguetón con ellos. El problema estaba en casa y era conductual, pero la solución más fácil para el etólogo era medicarlo en lugar de trabajar. Cuando me dijeron que habían decidido medicar al perro por prescripción me pareció una pésima idea porque el perro iba a estar atontado todo el día, «drogado». No digo que en algún caso concreto neurológico el perro no sea recomendable prescribirlo (no soy veterinaria), pero no en este caso. Porque, como repito, el problema era conductual (y de conducta canina sí sé), se modifica con trabajo.
El proceso
Empezamos a trabajar la obediencia en la calle, y en casa unas pautas muy estrictas para que aprendiese a respetar a sus dueños. Parecía que iba mejorando, pero hubo un retroceso. Suele pasar que cuando el perro empieza a funcionar el trabajo, el dueño se relaja y el perro vuelve a comportamiento anterior. La posesión ya no era solo por la comida, era también por cualquier objeto que cogía, por su cama e incluso por la habitación en la que estaba. Si pasabas cerca o delante de él, se lanzaba a morder. Y mordía de verdad.
Les pedí llevarme a Ministro a casa para rehabilitarlo antes de que empezaran a medicarlo y accedieron. Después de una dura semana de trabajo y enfrentamientos agresivos con él, conseguí que dejara de lanzarse a morder y se mostrara más tranquilo, seguro de sí mismo y, sobre todo, seguro de que no necesitaba proteger ni poseer nada porque yo era la que tomaba las decisiones y le cubría sus necesidades de alimentación, cuidados y protección.
El resultado
Y cuando volvió a su casa, los dueños de Ministro continuaron con todas las pautas que les dí, siguieron trabajando con él, y a día de hoy pueden disfrutar de un perro equilibrado, feliz, cariñoso y sin agresividad. Solo con trabajo y sabiendo cómo hacerlo.

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